La chica de la remera negra. Capítulo 2.

Introducción – Capítulo 1

En esos dos segundos, entre que la vi, separé a Gabriela y volví a mirar, sentí como si alguna fuerza extraña corriera dentro de mi cuerpo, sentía que algo me golpeaba y atravesaba el pecho, con tal potencia que en ese mismo instante me dejaría una marca de por vida.

En ese cortísimo tiempo no sabía si era bueno o no lo que me estaba sucediendo, lo que si tuve en claro fue que lo que ocurrió luego fue devastador. Cuando volví a mirar hacia donde estaba la chica, no la encontré. Me levanté y salí corriendo, mientras de fondo escuchaba el “Esperá Tomás ¿A dónde vas? No seas tan pelotudo” de Gabriela. Corrí, entre tambaleos por el alcohol, con una adrenalina inexplicable, sabía que tenía que hallarla; la busqué por todo el lugar sin tener éxito, salí hasta el estacionamiento, y nada. Al ingresar nuevamente al boliche ya la tristeza del momento se me había pasado. Lo agarré a Claudio y le dije:

-¡La vi, la vi! –mientras movía los brazos como si hubiera ganado algún torneo-

-¿A quién viste? Pará un poco, estás muy ebrio.

-A la de la remera negra, a esa que vi en una de mis caminatas.

-¿Enserio? ¿Y qué le dijiste? ¿Que la estuviste persiguiendo toda la semana?

-No le pude decir nada, la vi pero cuando quise ir hasta donde estaba ella no la encontré.

-Seguro que te equivocaste.

-No, me juego la vida que no –mientras Claudio menospreciaba la situación y yo le agarraba la cabeza- ¿No entendés lo que fue esto?

-Sí, otra de tus fantasías.

-No, es el destino, es el puto destino que me dio una hermosa señal.

“Interrumpo mi relato ahora para presentarme, para decirles quién soy antes de que sigan pensando que soy un maniático cualquiera. Mi nombre es Tomás Tate (se pronuncia “teit”), tengo el título de arquitecto pero nunca ejercí. Trabajé durante toda mi vida en distintos rubros, ya que mi pasión por viajar me hacía mudarme cada 5 o 6 años para poder experimentar la mayor parte del mundo que pudiera. Tengo 59 años y soy pisciano, tal vez eso último explique mucho de mí. He vivido en todos los continentes, probado infinitas comidas regionales, he tenido sexo con mujeres de todas las razas, y he vivido muchos amores, pero solo uno, uno, fue verdadero. La mujer de mi vida siempre fue y será Rachel Moss, que a pesar de que suene extraño, la conocí acá en Argentina; pero ya llegaré a esa parte de la historia más adelante. Con mis padres siempre mi relación fue variable, a veces los amaba, y otras (casi siempre) los odiaba, y aunque estuvimos muchos años sin hablarnos cuando me fui por primera vez a vivir a Londres por allá en el 2013, incluso en esa época sabía lo mucho que ellos me querían a pesar de todo.

Más allá de que no tengo un lugar fijo en el mundo, mi ciudad siempre será Córdoba, en donde pasé mi infancia y adolescencia, y en la cual ahora vivo mi vejez. De joven era valiente, pero tímido; divertido, pero un frío pensador; amigable, pero solitario. En fin, creo que con eso basta para que sepan un poco sobre quién escribe, que no es una simple mano con una birome, sino que hay una historia detrás.”

Así regresé a mi casa, con una sonrisa que tenía más interrogantes y ansiedad que verdadera alegría. Me habré dormido como a las nueve de la mañana, el insomnio ahora no se debía a pensamientos sobre encuentros hipotéticos, esta vez era producido por un encuentro real. Visualicé todo el tiempo a ella, su jean, su camisa negra transparentada, su pelo castaño-morocho ondulado.

Al despertar, mientras la resaca me ganaba la batalla, no sabía si había soñado o había vivido ese “encuentro”, debí llamar a mis amigos para confirmarlo. Cuando corroboré la realidad de lo que había sucedido, sabía que tenía que seguir buscándola, sabía que (en mi mundo de fantasía) era una clara señal del universo de que no podía dejar pasar esta oportunidad. Pero a su vez, consciente de que mi imaginación y esperanza desmedida me juegan malas pasadas, me planteé que si no podía hablar con ella antes del sábado siguiente, dejaría de intentarlo y admitiría que no fue ninguna señal, sino más que una simple coincidencia.

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Nico Shuga

4 comentarios en “La chica de la remera negra. Capítulo 2.

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