La chica de la remera negra. Capítulo 4.

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Nos sentamos en la mesa; Rachel al frente mío, Romi al frente de Lucas y Sofía en la cabecera. Nervios, tartamudeo, ansias, todo lo que era seguro que me iba a suceder, no pasó; misteriosamente estaba muy calmado, incluso fui el primero en hablar al proponer que pidiéramos unas pizzas y unas cervezas. Todos estuvieron de acuerdo e hicimos el pedido.

A pesar de estar calmado, me moría de ganas de hablar con Rachel, no resistía que mientras yo pensaba todo esto ella sólo estuviera ahí sentada siendo insoportablemente hermosa. Lucas comenzó la típica conversación sobre la facultad, el estudio y la época de parciales, en la cual todos acotábamos nuestras anécdotas. Cuando Rachel comenzó a hablar, me intrigó mucho su acento, así que esperé hasta que trajeran la comida y todos se desconcentraran, para preguntarle sobre ello y que podamos hablar solo nosotros dos. Le dije:

-Rachel ¿No? – haciéndome el desinteresado- Tenés un acento que no parece de acá, ¿De dónde sos?

-Ah sí, es que en realidad nací en Londres y viví allá hasta los 11 años más o menos, por eso mi castellano es medio raro, ¿Se nota mucho? – me preguntó sonriendo.

-No no, sólo si le prestás mucha atención – en realidad sí se le notaba bastante, pero no sabía si le molestaría o no que se lo dijera – ¿Y por qué te mudaste?

-Larga historia, otro día más tranquilos te la cuento. –la verdad era que ella todavía no tenía la confianza necesaria para decirme.

 

Seguimos conversando en grupo, hablamos de los boliches a los que íbamos y mencionamos la salida del fin de semana pasado. Ahí traté de hacer preguntas para saber si Rachel tenía novio, o en un posible y muy erótico, pero devastador caso, novia. Le pregunté a Romi si habían ido sólo ellas 3 al boliche, a lo que me contestó que no, que fueron ellas, un par de chicas más, y el novio de Sofía. Me arrepentí apenas lo dije por lo estúpido que sonó cuando agregué “¿Y los otros novios?”; hubo una pequeña risa general y me respondió que no habían otros novios. Sentí un inmenso alivio, tenía luz verde para intentar algo con Rachel.

A los pocos segundos sonó mi celular al llegarme un mensaje. Sonó con una canción de la banda que de la remera, justo la canción que yo quería que ella escuche en el “encuentro” a la salida de la Facultad de Ciencias Económicas. Instantáneamente preguntó:

-¿Mardy Bum?

-Sí. –le dije sonriendo– Veo que según tu remera conocés la banda.

-Por supuesto, es mi favorita.

-¡Mirá vos! La mía también.

-No conozco mucha gente que la escuche –dijo casi interrumpiéndome– , es lindo saber que hay más gente con quien hablar sobre este tipo de música.

 

En ese momento la alegría me brotaba por todo el cuerpo, y con la mente en blanco le dije:

-Cuando quieras podemos juntarnos a escucharlos –ahí sentí todo se frenó de golpe, la respuesta de ella sería todo o nada.

-¡Dale! Mañana no  tengo nada que hacer. Si no tenés problema podemos juntarnos.

-Genial, yo no tengo clases así que me queda perfecto mañana –en realidad si tenía, pero no podía dejar pasar esta oportunidad.

 

Intercambiamos números de teléfono y arreglamos para que yo fuera a su casa a eso de las 11. Ese era el momento, mi momento, nuestro momento, esa charla daría comienzo a una de las épocas más hermosas de mi vida, pero por supuesto, aquél día yo no lo sabía.

Seguimos hablando en grupo un rato más hasta que terminamos de almorzar y nos fuimos. Fue un regreso a casa demasiado alegre, había logrado mi objetivo, aunque me generaba un poco de miedo la facilidad con la que todo había sucedido, pero quién era yo para cuestionar al destino.

Me surgió un gran interrogante esa tarde: ¿Es una puta? ¿Es una mujer fácil? Me ha pasado de conocer mujeres que tenían tanta pasión por el sexo que con una charla corta ya la tenía en la cama. Existía la posibilidad de que este fuera un caso así, y por supuesto, yo no quería. En menos de 24 horas iba a hacerle frente a la mujer que alguna vez aspiré amar, ese acto es extremadamente difícil, puedo perderme por completo al dejarme llevar por su perfecto amor, o puedo derrumbarme sin remedio descubriendo que toda la ficción creada en mi mente sobre ella, no era realidad. ¿Cómo se puede lidiar con eso? No sé si será la mejor respuesta, pero mi solución fue tratar de no pensar demasiado en todo lo que podía suceder.

Luego de cenar le mandé un mensaje para confirmar la hora y el lugar, ella me respondió con la dirección de su departamento, la hora, y agregó que también “iban a estar las chicas” porque antes se juntaban a estudiar. Eso por un lado me relajó ya que obviamente ella no buscaba sexo rápido, y al ser un grupo de gente que se conocía no habrían silencios incómodos. Por otro lado me dio un poco de tristeza porque no iba a poder tener una buena charla íntima para conocerla mejor.

Llegué a eso de las once y diez, busqué el número de la calle, subí al piso 7, y toqué timbre en el departamento B. Romi abrió la puerta, adentro estaban además Rachel, Sofía, un par más de chicas que no conocía, y dos chicos, que por suerte, no recuerdo sus nombres. Esos dos me parecieron desagradables, con sus falsos bronceados, sus musculosas entalladas, sus cigarrillos mentolados, sus comentarios carentes de todo lo que puede cargar la palabra. Al verlos a ambos iguales, como el estereotipo de “pibe ganador”, me alegré, sabía que al lado de ellos iba a poder identificar rápidamente los gustos de Rachel.

Ya habían terminado de estudiar y estaban hablando de un baile de una canción que se había hecho muy famosa por aquella época. Me senté luego de saludar y me sumé a la charla. Era obvio que ahí vivía Rachel sola, tal vez con alguna compañera, pero el punto era que sin padres, lo cual representaba en teoría una ventaja: se podía decir que llevaba una vida “independiente”.

Pasaron unas horas, pedimos empanadas para almorzar, y mientras esperábamos por fin pude tener un momento a solas con Rachel. Me llevó a su cuarto y comenzó a mostrarme sus discos, sus colecciones musicales, me impresionó la similitud en nuestros gustos, casi idénticos, lo cual me encantó. Mientras me contaba sobre eso, me puse a ver los cuadros y posters que tenía en las paredes de bandas de música y actores y películas británicas. En ese tiempo sentí una compatibilidad perfecta, mientras más me hablaba más me enamoraba. Charlamos solos en la habitación por un largo rato, como si nos conociéramos de toda la vida. Desde mi perspectiva, solo faltaba el beso y la correcta banda sonora, aunque claro, había un pequeño detalle: no tenía idea lo que ella pensaba sobre mí, si sentía lo mismo. Entre las posibilidades estaba la de que me viera como un amigo y nada más, como una persona con la cual se tiene una relación que jamás pasará de la amistad. Ese era el peor escenario posible, y tenía que tratar de averiguar rápidamente si estaba ahí.

Seguimos hablando por un momento, y le dije cambiando de tema y tratando de conocer un poco más sobre su vida:

-Che, ¿Y por qué era que te habías mudado de Inglaterra?

-Lo que pasó fue que mis padres se divorciaron. Mi mamá es argentina y mi papá inglés. Se conocieron allá haciendo una maestría, se casaron, me tuvieron a mí y se divorciaron. La custodia quedó para mi mamá y nos vinimos acá donde ella tenía a toda su familia.

 

Se la notaba medio incómoda mientras hablaba, y yo no sabía que decir, era un tema muy personal de ella y yo no era bueno manejando situaciones así. Desde el living escuchamos la frase que me salvó del momento: “llegó la comida”. Esto permitió cerrar la conversación sin que tuviera que decir algo.

Mientras los demás ponían la mesa Romi me llamó desde el balcón, me acerqué y me preguntó:

-¿Y? ¿Qué pasó?

-¿Qué pasó con qué? –pregunté muy intrigado.

-Con ustedes dos, solos en el cuarto.

-Nada, hablamos un rato de música y otros gustos.

-¿Nada más?

-No sé qué más esperabas que pasara.

-Dale Tomi, Lucas me dijo que te gustaba Rachel.

-¡¿Qué?! No se puede contarle nada. Igual antes de intentar algo tengo que ver qué piensa ella de mí.

-Ella gusta de vos, me lo dije después de almorzar ayer. ¿Por qué te pensás que te invitó? –dijo mientras entraba al departamento.

 

Me quedé en shock en el balcón, no sabía que decir, hacer o pensar.

Entré, me senté con el resto, y aunque mi cuerpo estaba ahí mi mente no. No recuerdo de qué estaban hablando todos, yo sólo pensaba en volver a estar a solas con Rachel, a pesar de no tener ni una pista  de qué iba a decirle. Le pregunté a Romi que estaba sentada al lado mío a qué hora se iban los demás y me respondió que después de almorzar, pero que ella se quedaba hasta más tarde, y agregó: “quedate vos también, los puedo dejar solos un rato”. Decidí quedarme, pero solo unos minutos después de que se fuera el resto para no quedar como un desesperado por estar con Rachel.

El tiempo pasó, terminamos de comer, los demás se fueron; Romi bajó para “comprar unas cosas”. Quedé con Rachel a solas, mientras levantábamos y lavábamos los platos. Comencé a ponerme nervioso, no sabía qué decir y no quería que hubieran silencios incómodos; se me ocurrió pedirle que pusiera algo de música. Buscó un cd, y puso “Suck it and see”. Mientras tanto, yo terminé con el último plato, entré en pánico y le dije:

-Me tengo que ir, disculpá.

-¿Ya? –preguntó sorprendida.

-Sí, es que tengo turno en el médico para que me vea un golpe en la pierna, me había olvidado.

 

No sé por qué me pasó eso, por qué tuve miedo, por qué inventé una excusa para irme; aunque viéndolo muchos años después fue lo mejor que pude haber hecho.

Fuimos hasta la puerta, Rachel me dijo que el viernes seguro con las chicas iban a ir a un boliche, que yo les avisara a los chicos para organizar e ir todos juntos. Le dije que si, y la miré con una pequeña sonrisa, la cual ella me devolvió mirándome a los ojos también. –tengo miedo ahora, de escribir sobre esto porque sé, que no importa qué palabras use, nunca podré hacerles entender todo lo que sentí en ese momento- Así nos miramos, sonriendo, ambos sabiendo lo que sucedía e iba a suceder, y mientras la canción llegaba a su final sonando de fondo, haciendo todo perfecto, como despedida, acercamos nuestros labios, y por unos segundos nos besamos, y fue hermoso.

Imagen

Nico Shuga

5 comentarios en “La chica de la remera negra. Capítulo 4.

  1. Muy Bueno, La Verdad sos un Genio escribiendo, relatando y describiendo las situaciones y sentimientos, se te va bien escribir este tipo de historias, es tu estilo, Ah por cierto no nos conocemos me presento, soy Dario y suelo leer tu blog

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