El sicario


El sicario se sienta en la mesa de la esquina derecha del café. Se pide un espresso doble, oscuro, como sus entrañas. Las aguas de los relojes bailan relajadas sin saber de qué son cómplices.

La mujer, el blanco, sentada en la primer mesa al entrar, termina su segunda medialuna mientras mira reposando todavía medio vaso de licuado.

Disimula el sicario, actúa que lee un libro mientras cuenta los segundos y observa la espalda de la víctima. Dientes apretados, puños cerrados. Su cerebro proyecta imágenes, esperando encontrar la adecuada.

Ella termina la bebida, deja el dinero sobre la mesa y se marcha. Por detrás, él.

En la esquina se encuentran, de su boca se escapa el nombre de la muchacha mientras su mano se desliza por el hombro de aquella despistada, haciendo que la piel se erice. Ella al voltear lo reconoce, prácticamente puede sentir su sangre recorrer todo espacio de su cuerpo, siente como la mente se ablanda y petrifica, entra en huelga, no emite orden de reacción. Su corazón, desconocedor e inocente es acorralado.

El sicario logra su cometido en el encuentro, su sola presencia le trae recuerdos indestructibles a la víctima. Ella, se ha vuelto a enamorar, ella, ha perdido la batalla, ella, ha muerto.

You call the shots


Risas cortas. Abrazos tibios. Dudas. Un ida y vuelta.
24 fotogramas por segundo en un carrusel de la mente a las 3 de la madrugada. Estar perdiendo contra la memoria, uniendo nodos inexistentes, creando puentes erróneos, viajando por rutas incorrectas.

Relojes que corren maratones, que se esfuman en las manos durante los encuentros, que se frenan al besar. Escalando en el deseo sin cima, un viaje sin final, ni retorno. Destruidos ante la posibilidad de obtener ese pasaje.

No queriendo estar en esta posición, en el medio, queriendo saber. Arrastrándote, y yo siendo dominado. Letras girando alrededor del cuerpo, formando palabras vacías, oraciones incoherentes, párrafos que no dicen la verdad. No te puedo entender, al sacudirte para que caiga la verdad, cae más confusión.

Se puede probar para ver, pero las tonterías se mezclan como profesionales, sabiendo lo que hacen. Hipnotizados por la ceguera, intentamos movimientos fuera de lugar. No queda otra que seguir sacudiéndote hasta que, aunque sea tarde, tratar de ver caer la verdad. Cachetes ruborizados, piel erizada, sombras blandas transparentadas.

Medias hasta las rodillas, invitando a emprender el viaje. Llamando luego de tomar unos tragos, esperando que se vayan todos, para que me des el último disparo antes de partir.

Luces


Luces de frente,
enceguecido y zigzagueando.
Ella define mi suerte.

El camino está elegido,
los corazones están calmos.
Hoy no me siento desprotegido,
me encuentro en sus manos.

No se siente como amor,
pero aunque no pueda explicarlo
sus besos borrar el dolor.

Luces de frente,
nunca antes había podido
ver el destino tan claramente.

Incontenible


Su silueta en el fondo del cerebro. Puños apretados esperando el regreso. El humo de su pelo impregnado en los sentidos. Inmovilizado, es como una droga.

Su piel suave me invita a perderme en su poder; recorrerla sin rumbo alguno, atraído e hipnotizado por su cuerpo. Sus ojos color café, que despabilan en cualquier momento, que se inyectan en el corazón. Una daga.

Perdido. Desprotegido. Con miedo. Con miedo a no poder controlar lo que me produce con su accionar. Con miedo a que ella se adueñe de mis sueños, de mis madrugadas e insomnios.

La trampa, sus abrazos. Sus pequeñas manos en mi espalda, su cabeza sobre mi pecho; sus latidos, cierran el trato. Me condenan.

Estático y acartonado, todo depende de sus besos, que con el más inminente contacto, me quiebran, me ponen de rodillas. Un escalofrío por la espina, el sudor en la frente, un mentón temblando, una sonrisa incontenible. Amor.

Vamos


Frente al espejo roto no puedes ver quién eres, qué tienes. El humo del fuego en la espera por ser encendido nubla los alrededores, tampoco puedes ver quiénes son ellos, quiénes somos nosotros, quiénes somos tu y yo. Las paredes calurosas son testigos del error, de la mala interpretación.

El burro debe ingresar, es recibido con un desfile y aplausos, él te dará la patada que te despertará. Puedes estar segura.

Tal vez no aprecies tus lentes de contacto al estar tan cerca. Abre los ojos, los tienes. Deberías hacerlo, están ahí. Estoy ahí.

Borremos las huellas erróneas que se han marcado en el camino de tierra que seguíamos. Vamos, que el chofer no esperará, es momento de irnos. Tu pelo no está bien arreglado, así me gusta, a donde vamos no harán falta ni se verán falsos bronceados y maquillajes extravagantes.

Sólo veremos sombras de corazones unidos, caricias en las mañanas, besos inocentes.

¿Partimos?